Emociones y sensaciones contradictorias se encuentran en tiempos alternados, los juegos de poder intentados llevar a las sombras para encuentros insanos que busco por puro afán autodestructivo.
Me repele igual que me atrae, como un imán de dos polos cambiantes. Me provoca y juega conmigo a algo que no tengo muy claro que es, mientras yo hago lo propio. En un intento de manipular dejando que me manipule a la vez que contrarresta mis esfuerzos por contrarrestar los suyos.
Como dos duelistas de esgrima que se tantean con fintas, estocadas y tajos, nos cubrimos del ataque del otro mientras intentamos colar nuestra propia maniobra. Es cansado, estresante y pesado, pero divertido. Como interminables partidas de póquer dónde intentas descubrir las cartas del adversario, marcas faroles, ocultas tu estrategia y acabas planteándote aprender a contar cartas.
Y hoy, como el resto de días como hoy, la suerte está echada, el azar es el único que controla la situación o, al menos, mi parte de la situación.