October182009

Escribí este relato hace tiempo, para el blog de la otra protagonista de la historia. Su título, aunque yo no suelo titular lo que escribo, era “Sueño”; dado que se refería a su rara procedencia. Entonces hacía como tres años que por motivos varios no escribía nada y entre como un juego y un ejercicio, salió esta idea. Hablando con ella me pidió que escribiera algo para su blog, yo lógicamente me negué aludiendo a mi abandono por parte de las musas y al dolor que me provocaba cualquier actividad creativa en esos momentos. Me dio un tema y decidí afrontar el problema como habría afrontado una redacción en el colegio. Lo que salió fue esto, un relato en dos voces (la escrita en normal y la escrita en cursiva) sobre un “sueño” cuyo resumen no ocupaba mas de una linea. Sin mas preámbulos:

El día estaba cuajado de tonos grises. Gris era el asfalto sobre el que caían las gotas grasientas de lluvia contaminada. Gris el cielo, plomizo y a punto de desplomarse en cualquier momento sobre las cabezas de los transeuntes. Gris los edificios que llevaban al bloque de apartamentos al que quería llegar. La lluvia empapaba el pequeño parque de enfrente y hacia que la Lonja, de ladrillo rojo, reluciera como sangre seca y rehumedecida.

Entre las pocas personas que iban apresuradas hacia algun destino incierto, se paró delante del edificio que buscaba. Aunque al timbre no respondía nadie, el portal estaba abierto. Subió por el familiar ascensor que había visto fotografiado en alguna ocasión y llegó al piso que buscaba. Al picar solo le respondió el silencio. El mohín de fastidio habitual apareció en su cara y deseó que ella pudiera verlo. Del interior de su bolso apareció una libreta en la que garabateó unas palabras,  arrancó la hoja de la espiral que la mantenía presa y la deslizó por debajo de la puerta. Esperó unos instantes, pero algo en su interior le decía que ella debía estar vagando por las calles mojadas en el coche, la musica a todo volumen y los pensamientos volando hacia lugares lejanos y perdidos. Mientras bajaba le sonrió a su reflejo, intentó mirarse con los ojos de un extraño, queriendo dilucidar que vería ella cuando se encontraran. El pelo negro y espeso, enmarcando unos ojos almendrados y profundos, la nariz recta y la boca de labios carnosos, la piel de un tono caramelo. Volvio a pensar en ella, ahora mas cerca de lo que creia y acabó el viaje. Salio sin cerrar la puerta, ¿no estaba antes abierta? Y al mirar al exterior vio que la lluvia y el viento habían desembocado en lo que prometían: tormenta. El cielo antes plomizo era negro, solo rasgado por algun relampago ocasional y las farolas aun no habian tenido tiempo de reaccionar al cambio de horarios. Abrió el paraguas y salio de la zona cubierta de la entrada.

A pocos metros un coche paró y con él, la música que retumbaba en el interior. Absorta en algún pensamiento buscó las llaves mientras maldecía no haber recordado coger el paraguas. Hacía unos días que no sabía nada de ella y estaba algo preocupada, pero por otra parte sabía que su agitada vida podía haber dado un cambio de dirección que le impidiera comunicarse como habitualmente y esperaba paciente que diera señales de vida, excusándose por no haberla avisado y haciéndola sonreír con alguna de sus salidas de tono. Aparecieron las llaves y maldiciendo otra vez corrió desde el coche hasta la entrada de su casa. Algo captó su atención durante la carrera,  una persona que salía de su edificio, medio tapada con un paraguas oscuro, desconocida pero extrañamente familiar a la vez. Un segundo de duda bajo la lluvia la convenció de que si eran dos acabaría empapada y continuó hasta el portal. Cerró la puerta maldiciendo a los inconscientes vecinos que la dejaban abierta, permitiendo que cualquiera se colara y campara a sus anchas por los rellanos. Miró el buzón mientras esperaba el ascensor y las facturas le devolvieron la mirada, con un gesto de desidia fue abriendo los sobres mientras subía. Al abrir la puerta vio el papel en el suelo. “Ya no tengo perro, ergo no ladra. ¿De que se van a quejar ahora?”. Antes de cogerlo, le regaló una mirada de desgana que le hubiera querido ofrecer al que creía autor de la nota, pero al tenerlo en la mano su expresión mudó. Ató cabos mientras lo que llevaba en las manos caía al suelo y se giraba otra vez hacia la puerta, las llaves pudieron reposar en su bandeja del recibidor los pocos segundos desde que la puerta se abrió hasta la precipitada salida. Corrió por los escalones pensando en que si se daba prisa aun podría alcanzarla.

El viento se había empeñado en robarle el paraguas y ahora lo perseguía por una acera ancha y cuidada. Era el paseo Marítimo, el orgullo del pueblo, con sus bonitos parterres y sus altas y majestuosas palmeras. Lo miró con curiosidad mientras intentaba darle alcance al paraguas prófugo, que otra rafaga de viento alejó mas. Otra carrera para acortar la distancia.

El cielo seguía siendo negro, aunque griseaba a trozos. El viento arreciaba y tomó la dirección que le había parecido ver que ella cogía, a favor de la tramuntana trotó hasta que la lejanía dibujo una silueta. Entendió porque le costaba tanto darle alcance. A lo lejos vio como un paraguas rebelde se enredaba contra un seto que frustraba su huida. La sonrisa se hizo paso a través de su normalmente serio semblante. Una ultima carrera.

Al fin se paró, enredado en unos setos y se acercó a cogerlo. Un momento antes de alargar el brazo, alguien se paró detras suyo, muy cerca, y abrió un paraguas. Empezaba a darse la vuelta entre indignada y molesta cuando el susurro de su nombre hizo que se parara en seco. Y al acabar de girarse la vió, la sonrisa iluminando su cara y el pelo empapado, acababa de abrir el paraguas para taparla a ella pero no se había molestado en abrirlo mientras corría, la respiración agitada y un ligero rubor en las mejillas.

Se paró demasiado cerca de ella y susurró su nombre. El sobresalto inicial  se convirtió en una sonrisa que iluminaba sus ojos gatunos. La besó, suave y delicadamente, y cogiendola de la cintura empezó a andar de vuelta casa.

“Estás empapada. ¿En que estabas pensando para dejar que el viento se llevara el paraguas? Y creo que tienes razón, debo dejar de fumar. La mierda esta de carrera me ha dejado matada…”

Y su risa fue lo único que rompió la oscuridad e hizo que se iluminara el cielo, aunque siguiera negro sobre sus cabezas…

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